Parismos

Detrás de la máscara (del Zorro)

o la injusticia social

L@s justicier@s enmascarad@s, personajes misteriosos que imparten justicia detrás de una máscara. Y es que una máscara confunde mucho: con ella no les reconoce ni su madre y si no que se lo pregunten a las gafas de Clark Kent, que evitan que la gente sepa que es Superman. Aunque en realidad a ello también contribuye el hecho de que cuando es Clark lleva la raya del pelo a un lado y cuando es Superman a otro, y eso despistaría al mismísimo  Sherlock Holmes ¿Eh?

Estaba viendo una peli de el Zorro con Antonio Banderas e inevitablemente me recordó a Batman, no hace falta ser un genio. Aunque en realidad tendría que ser el Caballero Oscuro el que nos recordase al Zorro, pues es unos 10 años posterior.

Este tipo de personajes yo diría que surgen de la imaginación de sus creadores ante una injusticia vivida en primera persona. Es cierto que escritor@s, músic@s, cineastas y artistas en general vuelcan sus vivencias personales en su arte y gracias a ello tenemos expresiones de incalculable valor, pues nos entretienen y el entretenimiento es el valor más grande en los tiempos que corren: ni el oro ni el Big Data tienen tanto valor como entretener a las personas.  

Cuando ves una situación social injusta ante la que que te ves impotente, como las que se dan hoy día, se dieron ayer y probablemente se darán mañana, algun@s optan por no hacer nada, otr@s por quejarse o reivindicar derechos y otr@s escriben novelas, cómics, o hacen películas reconduciendo esa frustración para desahogarse, y así no sólo se despejan sino que crean obras para compartir con todo aquél a quien les gusten. Es una maravilla. Y los personajes justicier@s yo creo que nacen así.

El Zorro, creado en 1919 y ambientado en la Baja California del siglo XIX mola porque tiene toques de humor que no van en detrimento de la acción, y además hace gala de una elegancia y un señorío que te imbuyen en una atmósfera de clase alta bastante atractiva. Tiene flow. Aunque es cierto que las pelis son más humorísticas que las historietas.

Además el Zorro va solo. Bueno, tiene a su ayudante Bernardo y al alucinante Tornado, su caballo, pero no tiene ningún otro héroe o heroína que le ayude. Me refiero a que Batman tiene el apoyo de Robin, Batwoman, Batgirl, Superman tiene a Superboy, Supergirl, Superwoman, Superdog… pero el Zorro no tiene otro héroe o contraste femenino que le ayude, y no me extraña porque la Batwoman del Zorro tendría que ser, por pura coherencia, la Zorra y claro no sé yo…

El Zorro es un rico hacendado llamado Diego de la Vega que se viste de negro y, con una espada y su máscara se ocupa de manera muy acrobática, elegante y amena de todo malhechor que se aprovecha del pobre pueblo. Al igual que Batman no tiene poderes, sólo su excelente forma física, su inteligencia y sus truquillos, aunque no hay que menospreciar nunca los truquillos pues éstos permitieron a Batman enfrentarse con éxito al mismísimo Hombre de Acero.

Pero la raíz de todo y la esencia del post es vivir una injusticia en la vida real e inventar un personaje que acaba con ella en la ficción. Debe de ser un alivio increíble y no sólo para el autor/a sino que es compartido con el mundo entero lo cual lo convierte en una obra ecuménica (literalmente) que le permite pasar a la posteridad y de paso ingresar algun dinerillo.

De este tipo de situaciones deben de haber salido muchísimos personajes: el Zorro, la Pimpinela Escarlata, Batman, Chuck Norris, la persona que te llama al móvil cuando un pesad@ te pilla por banda en la calle… héroes de la cotidianidad vaya. 

Precisamente de estas situaciones de desencanto surgió en la década de los ‘70 del siglo XX un personaje que es sin duda mi  preferido: Paul Kersey, interpretado por el mítico Charles Bronson. Kersey es un arquitecto norteamericano casado, con una hija, y una bienestante vida hecha en Nueva York. Sólo le falta el perro para ser de lo más convencional. 

Todo es perfecto hasta que unos delincuentes juveniles asaltan a su mujer y a su hija. Este hecho le cambia la vida haciéndole tomar plena consciencia de la realidad de su entorno: los delincuentes se los comen y la poli le va dando largas. Primero parece que no va a pasar nada pero después de espantar a un ladrón con un calcetín lleno de monedas (si, se supone que es un tipo normal sin mucha intención de llevar armas) ve que sí puede hacer algo, y el tío se viene arriba.

Paul Kersey, aunque a veces se disfraza, va en principio al descubierto, con su pelazo, su pistolón y su súper puntería (ni Robocop oye). Así que se echa a las nocturnas calles norteamericanas para acabar con los que le arruinaron la vida. Y a partir de ahí hay me parece recordar que hay 5 pelis sobre el “Justiciero”. Las pelis son de Michael Winner y se titulan originalmente “Death wish”.

Y ese hombre normal que se vuelve violento y experto (¡pero experto experto eh!) en acabar con la delincuencia callejera acaba representando a todo hijo de vecino que ve las noticias y vive el día a día. Yo creo, y no es alentar a nadie Dios me libre (Dios o lo que haya) pero creo que todos quisiéramos hacer algo parecido ante la impotencia de los vándalos que campan por sus respetos mientras la Justicia (se llama así, Justícia) no hace nada. Dicen que es ciega y tienen razón, no ve un carajo. Lo “gracioso” de estas películas es que la poli si que destina a agentes especialmente a investigar y atrapar al Justiciero; no a los 500 delincuentes que salen no, al Justiciero. La vida misma…

Pero, ¿qué hará falta para ponerse una máscara y salir a hacer “justicia”? ¿No tener nada que perder? ¿No tener miedo? 

Lo primero casi seguro, lo segundo lo dudo más. Primero porque no es valiente quien no tiene miedo sino quien se enfrenta a él. El que no tiene miedo yo diría que es temerario. Y segundo porque el miedo es necesario. Cada cual le llama como entiende, pero para mi el miedo es necesario, lo que sobra es el temor. Porque la palabra “miedo” es muy poderosa, tiene una presencia muy negativa, pero si nos paramos a pensar somos civilizados porque tenemos miedo, un miedo necesario: una persona llamémosla “normal” no se vuelve al estilo Hollywood contra su agresor porque tiene miedo a hacer daño al prójimo; no corremos con el coche a lo Fast&Furious por miedo a atropellar a alguien, a un accidente, a una multa; nos esforzamos en el trabajo por miedo a no estar a la altura profesional o a que nos despidan… y así con todo. 

Es un tipo de miedo que nos diferencia de lo irracional y por tanto es «bueno», útil si más no. Otra cosa es el temor. Puedes tener temor (variante del miedo) a emprender un nuevo proyecto, una nueva relación, al cambio, lo que sea, pero ese temor no debería frenarnos, es un tipo de miedo al que te puedes y debes enfrentar. 

En cambio hacer frente al otro miedo, al que nos hace racionales y civilizados es justamente lo que hacen los delincuentes: el psicópata supera la barrera psicológica de no hacer daño a los demás, supera la barrera mental de no hacerse daño a sí mismo; el ladrón supera la barrera de no robar y fastidiar al prójimo: una vez pasada la línea luego le resulta fácil. El asesino mata una vez y ya superó la barrera, así que entra en una espiral.

Pero matar es matar, violar es violar, y robar es robar lo haga quien lo haga. Para mi gusto no hay perdón. Y a mi personalmente, aunque habría que vivir la situación claro, no me vale hoy día la excusa de que es lo que l@s delincuentes han mamado y no pueden hacer otra cosa. 

Hay otras pelis, la trilogía“Perros callejeros”, que va sobre el Vaquilla y el Torete, delincuentes de los ‘80. En las pelis les dan un aire así como de “perdón”, los martiriza. O sea, como que hacen lo que hacen porque no les queda más remedio pobres cristianicos. Las pelis estas están al límite entre la denuncia y el elogio pero desde mi punto de vista les disculpan más que otra cosa, es más, les confieren cierto carisma, les convierten casi en héroes e incluso en la tercera peli les llaman héroes. 

De hecho las pelis las protagonizaron quinquis de verdad (aquí en España un quinqui es un delincuente marginal) a los que se les pagó pasta gansa y se la patearon toda volviendo luego a sus vidas. El caso es que en las mismas pelis se les dan oportunidades sociales y también las desaprovechan todas. Y aprender pudieron aprender de su experiencia en el cine. Seguramente no robaban porque necesitasen dinero pues cuando lo tuvieron hicieron lo mismo, aunque alguno se reformó.

No sé, ya digo que habría que vivir la situación. Yo no me meto porque ni sé de sociología ni he vivido eso, pero el resultado es que sea por el motivo que fuere un día los perjudicados podemos ser cualquiera, y denunciarías y no pasaría nada, pero luego tú te saltas un semáforo en rojo delante de la poli o no vas a la ITV y te multan o te meten en la cárcel, o te ocupan la vivienda y no sólo no puedes decirles que se vayan sino que hasta les tienes que ceder un alquiler y seguir pagando los suministros.

Es lo que no entiendo y lo que hace que ver pelis o leer sobre estos justicieros te proporcione un poco de alivio aunque no sea “real”.

Maldita sea, si una máscara pudiese realmente ocultar tu identidad creo que mucha gente superaría el temor, o el miedo, haría algo; a lo mejor no matar pero si dar un escarmiento a la gente que se dedica a robar, violar, hacer el mal a saber por qué… Lo malo es que te puede pasar como a Max Rockatansky y volverte tan malo como la gente contra la que luchas, y ahí la habrías fastidiado. Aunque es cierto que el que es malo para un@s es bueno para otr@as: vi una serie sobre Pablo Escobar y para un@s era un narco, un asesino, un malvado y para otr@s, los suyos, buenísimo, “Jesucristo” le llamaban.

Lo cierto es que estas pelis ya no valen para los tiempos actuales: los valores han cambiado. En mi opinión el problema de hoy es que somos muy “buenos”. A nivel no sólo europeo sino de casi todo el planeta aún arrastramos el estigma de la II Guerra Mundial: todo lo que se haga que pueda asemejarse a aquel horror, como condenar abiertamente ciertos colectivos o situaciones, ya nos parece represión, nazismo, antisemitismo, racismo y más. Creo que no vemos que todo aquello ya pasó, pero nos hemos querido oponer tan diametralmente que hemos llegado al punto de no saber distinguir entre lo que está bien y lo que está mal, relacionando directamente el condenar algunas personas o situaciones con “no ser buena persona”. El temor aparece de nuevo.

Y lo cierto es que no por ser un delincuente eres un pobrecit@ que no puede hacer otra cosa, o por pertenecer a cualquier colectivo eres directamente buen@, o por ser tal o cual ya estás disculpad@ porque hay de todo en todos lados, buen@s y mal@s pero ya no sabemos distinguir.

Desde mi punto de vista, y no digo que sea el bueno, sólo que es lo que yo pienso,  tendríamos que aprender a valorar, con la gran dificultad que ello supone, entre lo adecuado y lo no adecuado, y no abogar directamente por ciertas causas sin valorarlas sólo para el postureo o por sentirse buena persona, como el hecho de defender al pobrecit@ delincuente o al marginad@, o a lo que esté de moda en ese momento, sin pensar en qué estamos haciendo realmente, sin reconocer que hay quien necesita y quien parasita, se aprovecha. Porque ya lo dijo Newton, toda acción tiene una reacción, es decir, todo acto tiene su consecuencia.

Y lo peor es que muchas de esas personas que describo arriba, que se compadecen de otras en situación social difícil, lo que hacen realmente es considerarse superiores y por eso se ven en el deber de ayudarlas. Yo a eso no lo llamaría caridad sino supremacismo. Pero aún peor me parece que much@s les ayudan de boquilla pero no realmente: comparten y opinan sobre situaciones y gentes en Redes Sociales, se suman a causas, critican actuaciones contra ellas pero no les facilitan la integración, ni les acogen en sus casas, ni se ocupan de que se adapten. Sólo mueven literalmente un dedo para dar Me gusta.

No condeno a quien ayuda ni a quien es samaritan@ porque ese sentimiento es bueno; me refiero a la gente hipócrita que sólo hace lo fácil, que es hablar, opinar y criticar sin hacer nada más y sobretodo a quien no distingue entre lo que es realmente ayudar a mejorar la sociedad y el postureo social. Y aunque yo estuviese condenando a quien así actúa tampoco soy autoridad, así que espero no ofender a nadie, es sólo mi opinión.

Si pudiésemos ponernos una máscara y hacer “justicia”, ¿Acertaríamos realmente? ¿Actuaríamos con justicia? ¿Podríamos salvar a tod@s? ¿O nos dejaríamos a alguien por el camino? ¿Seríamos de los buenos o de los malos? A lo mejor quien parece hacer el mal no lo hace y viceversa. ¿Sería suficiente con ponerse una máscara? ¿Tenemos solución? ¿Son demasiadas preguntas? ¿Qué decís?

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