Parismos

La promesa de resurrección

o el Libro de los Muertos

¡Vamos a morir tod@s! Algún día claro… Eso es impepinable. Nadie ha podido escapar a la Muerte, la Moira Atropos, la Parca Morta, mil nombres para un hecho: el final del camino. La esperanza de algunas personas va desde ir a un lugar mejor hasta reencarnarse, pasando por ir a otros planetas o convertirse en una suerte de ángeles. Hay de todo.

Pero la Muerte no siempre estuvo ahí: casi todas las mitologías – hoy día las llamamos mitologías pero en su momento fueron religiones – coinciden en que en origen el humano era inmortal, mas por diferentes ofensas a los Dios@s la muerte se cernió sobre la especie. Luego hablamos de ello.

Y es que en principio todo es bueno y sano, es el Mal, aunque forme parte de la vida, lo que es un “añadido”. Me explico. Cuando una persona nace, salvo excepciones por supuesto, es por definición “perfecta”, sin mácula: no conoce el mal, no tiene defectos, no paga impuestos, es pura… es con el tiempo que se va corrompiendo, cumpliendo años y desmejorando. Una fruta ídem: cuando está madura (igual que la persona, porque antes de empezar a ir para abajo tenemos que crecer un poco) empieza a corromperse y se pudre, muere para después renacer como semilla.

Y aquí está la cosa: renacer. Muchas religiones, mitologías, historias, etc. hablan de poder vivir otra vez. Pero antes cumplo lo prometido: ¿Por qué morimos?

Morimos por diferentes causas, pero hablemos de la muerte natural. Ésta se produce por puro desgaste, pérdida paulatina de energía, por caducidad. Todos tenemos un tiempo determinado y las mitologías justifican el hecho mediante una especie de “maldición”.

En la mitología (antigua religión) griega el humano era inmortal y semejante a los dioses. Además eran todo tíos. Vaya tela. Pero Prometeo robó el fuego de los dioses para salvar a los hombres (literalmente). Por eso aquéllos se enfadaron y encargaron a Hefesto, el dios herrero, crear a Pandora con agua y tierra (o sea, barro fíjate tú, como a Adán y no sé porqué no a Eva).

Pandora casó con Epimeteo, hermano de Prometeo. Los dioses les regalaron una vasija, aunque se le suele llamar caja, que jamás debían abrir. Pero Pandora fue creada con ciertas características buenas y malas, entre ellas la curiosidad que posteriormente mataría al gato, y abrió la “caja”. No es que fuese tonta sino que la pobre estaba programada para eso. De ahí salieron todos los males que asolaron desde ese momento a la Humanidad, entre ellos la Muerte, las enfermedades y puede que el Windows. Sólo pudo cerrarla antes de que escapase la Esperanza, que no es un mal pero bueno, y por eso se dice que siempre queda la esperanza. A mi me gusta el Windows.

En la mitología romana la cosa iba más o menos igual porque era una adaptación casi literal de la griega con tan sólo cambio de nombre de l@s dios@s y la historia sobre el origen de la ciudad de Roma claro.

Según la cultura egipcia la cosa fue así: Ra, el dios Sol, se cansó de los humanos (no me extraña) y pasó de ell@s. Ofendido, pues los humanos tras el abandono de Ra ni cortos ni perezosos se pusieron a adorar a otr@s faltaría más, mandó a la diosa Sejmet, la guerra, para asolarlos. Pues bueno, Sejmet se vino arriba y se estaba cepillando a la Humanidad de tal manera que incluso Ra se arrepintió y engañó a Sejmet para que parase. Lo hizo con cerveza y un colorante rojo para que pareciese sangre, mire usted que fácilmente. Pero claro, la muerte y el mal quedaron en la Tierra para siempre.

Así podríamos seguir con un montón de historias interesantes como la mitología japonesa, donde el dios Izanagi va a buscar a su mujer Izanami al Reino de los Muertos pero, tras meter la pata y romper un acuerdo, condena a la pobre diosa a la putrefacción: le quedó la cara más deteriorada que la camiseta del Cuervo. Por eso Izanami, enfadada porque ya no había crema facial que la recompusiese, castigó al dios diciendo que mataría a 1000 humanos cada día. Aquél dijo pues yo haré nacer a 1500 hala. Y así está el mundo de súper poblado… Ese tipo de machos son los que nos dan  fama de tontos a los demás.

Los chinos van directos al grano: en principio cada muerto se reencarna sí o sí, pero antes la diosa Meng Po les da un té, el Té de los Cinco Sabores del Olvido, para que no recuerden su vida anterior antes de la Reencarnación.

Por poner un último ejemplo, pues hay mil justificaciones para la muerte y las enfermedades, la religión Cristiana dice, bueno, qué os voy a contar: Adán, Eva, la Serpiente y una manzana (aunque en la iconografía religiosa de algunos países es una naranja o hasta un tomate). A partir de ahí la expulsión del Paraíso, la caducidad de la vida, las enfermedades y la complicación de la ropa, que antes con una hoja bastaba. Aunque no sé donde guardarían el móvil. Qué tontería, ahora que lo pienso antes los móviles eran más pequeños, se podían guardar en cualquier agujero…

A partir de ahí la gente moría. Según algunas versiones, la gente iba perdiendo perfección y aunque vivía más años que nosotros, cada vez eran  menos. Destaca el caso de Matusalén con 969 años. Se ha estudiado su caso y se ve que la edad que menciona la Biblia correspondería teóricamente a cierto cómputo y que, según el actual, equivaldrían a unos ochenta y pico años.

Entonces, ¿Por qué necesitamos la promesa de resurrección o de una vida posterior? Ni idea, pero supongo que para tranquilizarnos, porque para algun@s el hecho de desaparecer completamente es duro, incluso terrorífico.

En la cultura egipcia tanto la gente rica como la pobre (yo) se enterraba con la esperanza de vivir en un Más Allá. Los ricos lo hacían con todo lujo de detalles y “truquillos” para poder pasar al otro lado, pues se ve que la vida después de la muerte allí era como el mejor de los videojuegos de los ‘80: todo pruebas, salvarse de monstruos, resolver enigmas, hasta llegar ante los jueces para poner el escarabeo que representaba el corazón en la balanza frente a la pluma… ni el fontanero Mario lo conseguiría fácilmente.

Por eso la gente rica del antiguo Egipto tenía un recurso: el Libro de los Muertos. Se llama libro no sé por qué, pues era un papiro, pero este “libro” se colocaba cerca del cuerpo para que cuando intentase pasar al Más Allá usase las pistas y los conjuros mágicos que en él había para sortear a escarabajos gigantes, bestias medio cocodrilo medio felino… Dicho libro podía llegar a tener más de 25 metros una vez desenrollado. Si lo conseguían vivían eternamente. Si no, eran destruid@s por la mencionada bestia híbrida de cocodrilo.

A la gente pobre nos enterraban en la arena cerca de tumbas y pirámides de gente rica, para así intentar seguirles y conseguir la vida eterna.

En la antigua Grecia no volvías pero tenías una “continuación” de la vida: o te ibas al Hades (o el Tártaro si habías sido muy mal@) o a los Campos Elíseos, pero no desaparecías, y en la religión cristiana, resumiendo mucho, o te vas al Cielo o al Infierno.

Es curioso que con tanta distancia geográfica (que no cronológica, porque unas culturas han influido a otras) las historias, hechos y soluciones sean tan similares. Y es que todo el mundo quiere vivir para siempre, y si puede ser mejor pues ya la pera, por eso la gente creyente se porta bien, para obtener una recompensa en la siguiente vida. Es un discurso muy efectivo, como el que te dan cuando eres pequeño pero para toda la vida. 

Hay una peli de Alex Proyas, “El Cuervo”, con Brandon Lee que, a parte de ser una cinta de culto y para mi excelente, fue la última peli de Lee pues durante el rodaje hubo un accidente dicen, y cargaron balas de verdad en algún arma. Va de un músico al que asesinan en Halloween y, gracias a la magia de un cuervo, vuelve a la vida un año después para vengar el crimen. Vuelve sólo durante un par de noches y luego ya muere y descansa en paz pero mientras se carga a los responsables que no veas. Esos sí que no vuelven. La menciono porque viene a cuento de la resurrección  y por si no entendéis el chascarrillo de la camiseta, más arriba.

Y es que el tema de los zombis es otro; a mí personalmente no me gustaría volver a la vida así, aunque en realidad no vuelven porque jamás estuvieron muertos, pero eso de tener la voluntad tan limitada no mola. Eso sí, se ve que hay gente que se ha recuperado de la zombificación. Podéis buscarlo.

No sé por qué queremos vivir eternamente porque en muchas ocasiones nos quejamos de lo difícil que es vivir hoy día, con tanta amenaza y tanta situación política y social indignante, pero el caso es que cuando ves que puede llegar la hora buscas la forma de permanecer, algun@s con una especie de videojuego y otr@s mediante ritos, pero poc@s tienen la certeza de ir a otra vida, así que más vale malo conocido.

En resumen, personalmente no creo en nada más cuando te mueres, pero es eso, lo creo, no lo sé y desde luego la promesa de una vida no sólo eterna sino mejor es bastante atractiva: una vida sin políticos, ni hacienda, ni capull@s… bueno, eso si vas al sitio bueno porque si vas al “Infierno” creo que allí los encontrarás a tod@s.

Ojalá pudiésemos conocer el futuro y nuestro Destino, pero eso sólo está reservado a los Dios@s y a los personajes de ficción. ¡Qué envidia! O no…

 

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